Edison Krause se ha convertido en uno de los nombres más fuertes cuando se habla de endometriosis en el sur de Chile. En un momento decidió correrse de la parte más rutinaria de la ginecología, donde los partos podían sentirse como un trabajo demasiado técnico, casi mecánico, y enfocarse en una patología mucho más compleja. Ahí encontró un campo que le daba otro tipo de exigencia profesional y también una satisfacción más profunda.
“La endometriosis es una enfermedad crónica inflamatoria, y se caracteriza básicamente por dolor excesivo con las reglas”, plantea Krause. Y en ese punto no duda: “Nunca es normal”, dice sobre el dolor menstrual, “a pesar de que la sociedad ha normalizado el dolor menstrual a través de siglo y siglo”. Para él, uno de los grandes problemas es justamente ese: que durante demasiado tiempo se empujó a las pacientes a aguantar, esperar o pensar que después del primer parto se les iba a pasar.
El costo de esa normalización es alto. “En todo el mundo, en realidad, con muy pocas excepciones, el diagnóstico de la endometriosis tarda entre siete y ocho años”, advierte. En ese recorrido, muchas mujeres pasan por varios médicos antes de saber qué tienen. Y aunque la enfermedad afecta a entre el 10% y el 15% de las mujeres, Krause asegura que la cantidad de profesionales preparados para enfrentarla sigue siendo mínima. “Estamos, no mal, sino que muy mal”, resume.
La razón es simple: no se trata de una patología fácil. Krause sostiene que la cirugía de endometriosis exige entrenamiento específico, equipos multidisciplinarios y tecnología de alto nivel. “La cirugía es muy compleja”, dice. Incluso va más allá: “Es la cirugía más compleja que hay en ginecología, es más compleja que la cirugía de cáncer”. Por eso insiste en que no basta con una consulta general ni con imágenes tomadas sin experiencia en esta enfermedad.
A esa dificultad clínica se suma el retraso legislativo. Krause recuerda que la moción de la ley de endometriosis, la 14.750-11, fue presentada en 2021, que recién se discutió en 2023 y que luego avanzó a la Cámara, pero todavía requiere empuje político. “Tenemos que sacar la ley”, plantea. Y agrega por qué: “Sacar la ley va a significar ordenar el panorama y acercar recursos a esta enfermedad”. En un problema que sigue dejando a miles de mujeres con dolor, diagnósticos tardíos y pocos especialistas, esa sigue siendo una de sus principales banderas
