La respuesta corta: es gigante. La larga: es un RPG descomunal que, contra todo pronóstico, no ha perdido vigencia. Ni siquiera la llegada de Assassin’s Creed Shadows, el nuevo éxito de Ubisoft que en su primera semana reunió a más de tres millones de jugadores, ha podido desbancar completamente a Odyssey del trono.
En números, Shadows tiene la marca más alta en el peak histórico de jugadores en Steam, con 64.825 usuarios concurrentes. Pero si miramos la actividad reciente, Odyssey le saca ventaja. En las últimas 24 horas, por ejemplo, alcanzó un peak de 6.137 jugadores activos, por encima de los 5.131 de Shadows. Es más, en diciembre pasado Odyssey tuvo un momento de gloria inesperado, con más de 31.000 jugadores conectados al mismo tiempo, superando ampliamente a títulos más recientes como Valhalla (5.456) o Mirage (3.238).

La pregunta, entonces, no es por qué Odyssey gusta, sino por qué sigue gustando tanto.
Parte del fenómeno está en su escala. Ambientado en la Antigua Grecia, Odyssey ofrece un mundo abierto inmenso, con islas, templos, mares y ciudades que siguen deslumbrando visualmente. Pero además, introduce una narrativa más flexible que le dio al jugador un grado de agencia inédito en la franquicia hasta ese momento: elegir entre Kassandra o Alexios, tomar decisiones que afectan la historia, y moverse como mercenario sin estar atado a los códigos del credo.
Eso se suma a un sistema de combate más profundo, una personalización obsesiva y una campaña larguísima que puede superar las 100 horas. Todo ayuda a que Odyssey se sienta más como un The Witcher 3 con capuchas que como un Assassin’s Creed tradicional.

Mientras Ubisoft sigue puliendo Shadows y se prepara para una gran actualización de parkour, además de una colaboración misteriosa que algunos especulan que será con Star Wars, lo cierto es que Odyssey no se va a ningún lado. Siete años después, sigue siendo el rey de los RPG de acción históricos. Y todo indica que su reinado no termina pronto.
