No todos los viajes son dignos de postales ni todos los destinos terminan en recuerdos memorables. A veces, lo que parecía un paraíso en Instagram resulta ser una experiencia incómoda, cara o simplemente decepcionante. Así lo relata Coni Fueyo, viajera frecuente que decidió compartir sus «anti-cyber trips»: esos lugares que, por distintos motivos, no volvería a visitar.
FORTALEZA, BRASIL: la playa que no fue
“Lo que no me gustó de Fortaleza fue que me encontré con una playa que no era lo que yo buscaba estando en Brasil”, dice Fueyo sobre esta ciudad costera. Y explica por qué: demasiadas construcciones, un entorno poco acogedor y playas con fuerte oleaje y escasa vida social. “En Brasil a mí me gusta que las playas se vivan. Hay gente tomando caipirinha, reposeras, te venden comida… Mientras que Fortaleza la sentí vacía y no tan segura”, cuenta. También considera que no es un buen destino para ir sola. “Es una ciudad amplia, con distancias largas. No es fácil conocer gente. Es como ir a Santiago, la gente está en otra”.
TIRANA, ALBANIA: miradas incómodas y bunkers
“Fue una ciudad que no me gustó y en la que solo estuve de paso para tomar mi vuelo. Me sentí muy insegura”, confiesa. En Tirana, la capital de Albania, Fueyo enfrentó barreras idiomáticas, poca infraestructura turística y un ambiente que describe como lúgubre. “Se te acercan, te hablan en su idioma, tú no entiendes nada. Es muy incómodo”. La ciudad, dice, no tiene atractivos turísticos relevantes, salvo los bunkers construidos durante el régimen de Enver Hoxha. “Es todo muy under”, resume.
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OSLO, NORUEGA: precios que duelen
En términos económicos, lo más duro lo vivió en Noruega. “Oslo es uno de los lugares más caros en los que he estado en mi vida”, asegura. Aunque en ese momento ganaba en libras trabajando para una empresa de Londres, sintió el impacto. “Una entrada con un trago me costó más de 40 mil pesos. Hay que planificar mucho un viaje así”. Aun así, no lo descarta del todo: “No me lo perdería, pero hay que ir con presupuesto e itinerario”.
PHUKET, TAILANDIA: turismo incómodo
La experiencia en Phuket también dejó un mal sabor. Lo primero fue un tour en el que, pese a sus advertencias, la llevaron a ver animales en cautiverio. Luego vino el shock con el entorno: “Está muy sucio, lleno de plástico, con muchísimo comercio sexual”. A eso se suma una fuerte presencia de turismo ruso, que, según Fueyo, ha moldeado la ciudad para ese público. “Los menús están en ruso, hay markets enteros para ellos. Y los turistas blancos potencian mucho el comercio sexual con menores. No me gustó”.
