Un lunes de junio, con lluvia afuera y luces neón adentro, el Club Illuminati abrió sus puertas para algo muy distinto a su rutina habitual de fines de semana: un matrimonio. Camilo Castro y Vicente decidieron casarse ahí, en el mismo lugar donde Camilo trabajó por más de 15 años y donde, como él dice, conoce a todos.
“Cuando decidimos casarnos no queríamos gastar mucha plata. Casarse de verdad es muy muy caro”, cuenta Camilo. “Queríamos una ceremonia chica, con nuestros cercanos, y se nos ocurrió pedir Illuminati un día lunes, para no interrumpir sus días normales”.

Iluminati no tiene cartel visible, pero todos saben dónde está. Es el epicentro de la fiesta queer en Santiago, con filas eternas en Bellavista y un historial de visitas que incluye incluso a Lil Nas X. Adentro, la pista es pequeña, pero la energía es grande: kitsch, cumbia, pop, sudor y abrazos.
El 2 de junio, desde las 7 de la tarde hasta las 2 de la mañana, el club se transformó. Sillas arrendadas, torta como regalo de su hermana, cóctel en vez de cena y más de cien invitados bailando bajo las luces del bar gay más popular de la ciudad. “Nos conocimos en invierno, y preferimos el frío al calor, sobre todo en espacios cerrados”, explica Camilo sobre la elección de fecha.

Tres amigos DJs se encargaron de la música, entre cumbias, kitsch y pop de bodas. “Obvio que sonó Dancing Queen”, dice Camilo. “No puede faltar”.
