Un dispositivo pequeño, sin pantalla, sin teclado, sin nada que se vea. Solo una pieza que se coloca en la oreja y transforma el entorno en un espacio interactivo. Se llama IYO ONE y fue creado por una startup que hoy acusa a OpenAI de haberse apropiado de su concepto, su tecnología y hasta de su presentación. En el centro de la demanda están Sam Altman, CEO de OpenAI, y Jony Ive, el diseñador estrella detrás del iPhone, quienes habrían sostenido reuniones con los fundadores de IYO desde al menos 2022. Según los documentos judiciales, ambos sabían perfectamente de qué se trataba el proyecto, conocían sus marcas registradas, sus patentes, y participaron en conversaciones sobre una posible colaboración que nunca se concretó. Pero tiempo después, el dispositivo, o uno casi idéntico, apareció en la esfera pública con otro nombre y sin ningún crédito a sus creadores.
El IYO ONE es un computador de audio. Así lo describen sus desarrolladores: no necesita pantalla porque todo se controla con la voz. Tiene 16 micrófonos direccionales que escuchan al usuario como si fuera el único hablando en una sala llena, y otros ocho que proyectan el sonido como si viniera de distintos puntos del espacio. El resultado es una experiencia inmersiva que permite mantener conversaciones naturales con la inteligencia artificial, sin comandos especiales ni gestos. Entre sus funciones está la traducción en tiempo real, audición selectiva que filtra el ruido ambiente, búsquedas por voz sin necesidad de sacar el teléfono, e incluso un asistente musical que no solo responde, sino que propone.

Lo que genera sospechas es cómo se manejó la información. La demanda asegura que Altman y LoveFrom no solo rechazaron públicamente colaborar con IYO, sino que luego comenzaron a mostrar imágenes y descripciones técnicas muy similares en sus propias plataformas. La información del dispositivo empezó a aparecer en las páginas oficiales de OpenAI como si fuera un desarrollo interno. En mayo de 2023, Sam Altman y Jony Ive aparecieron en una imagen titulada “Sam & Jony introduce io” y la presentación fue interpretada como un lanzamiento propio, sin mención a IYO ni a su equipo original.
En paralelo, los documentos revelan que apenas tres días antes de esa publicación, el 21 de mayo de 2023, OpenAI concretó un acuerdo por 65 millones de dólares para adquirir los derechos de propiedad intelectual vinculados a un nuevo dispositivo auditivo. La compra fue anunciada como una adquisición tecnológica clave, pero nunca se informó que buena parte de esa tecnología ya había sido discutida previamente con IYO. Desde entonces, la startup asegura que OpenAI no solo accedió a sus conceptos y diseños, sino que los usó como base para avanzar con un producto comercial que fue presentado al mundo como una creación propia.

El caso no ha pasado desapercibido. En el centro de la disputa está la autoría de una tecnología que promete cambiar la forma en que nos relacionamos con la inteligencia artificial. Un computador que no se ve, que no se toca, y que funciona solo con hablarle. Pero detrás de esa interfaz futurista, lo que hay es una historia clásica de Silicon Valley: una startup con una idea potente, reuniones privadas que terminan en nada y, meses después, una gran empresa presentando algo sorprendentemente similar.
Lo que pide IYO no es solamente reconocimiento, sino también transparencia sobre cómo se gestó ese producto y quiénes participaron realmente en su desarrollo. En una industria donde las ideas valen millones, el reclamo no solo apunta a lo ético, sino a lo legal. Porque si este dispositivo llegó para redefinir el futuro, alguien va a tener que explicar bien claro de dónde salió todo.
