¿No hay contenido en 8K? Samsung igual lo muestra como si lo hubiera. Su nueva línea de televisores, ya en preventa, no se queda esperando a que los estudios produzcan más series o películas en “ultra alta definición”.
La solución está en el procesador. Más potente, más inteligente y con más redes neuronales que nunca. En la práctica, eso significa que cualquier video, viejo, borroso, grabado con un celular de hace cinco años, se transforma. La IA escanea cada imagen, detecta qué falta y completa la escena con lo más parecido que tiene guardado en su base de datos. No es magia, pero lo parece. La arena se ve como arena. El cielo tiene nubes. Las caras recuperan poros, arrugas, pestañas.

El upscaling no es nuevo, pero esta vez es distinto. No se trata de estirar los píxeles ni de suavizar los bordes. Acá el televisor interpreta lo que está viendo y lo reconstruye. No se nota que es falso, porque no intenta inventar, sino restaurar. Y aprende. Cuanto más lo usas, mejor se vuelve. La mejora no es trivial. Gracias al nuevo procesador NQ8 AI Gen3, que incorpora 768 redes neuronales, el doble que en la generación anterior, el televisor aplica aprendizaje profundo para analizar cada escena y reconstruir elementos visuales ausentes. Identifica bordes, contornos, texturas y elementos en movimiento, y los completa con información predictiva basada en una base de datos de millones de imágenes. Así, una superficie como la arena, que en baja resolución aparece borrosa o lisa, se reinterpreta grano a grano con un nivel de detalle notable.
A diferencia de las técnicas antiguas de upscaling, que simplemente duplicaban o interpolaban píxeles, esta versión IA busca entender el contenido y recomponerlo con lógica visual. Incluso reconoce rostros y expresiones para afinar el detalle en primer plano y separar mejor los planos de fondo, generando profundidad. También ajusta la imagen de forma dinámica según el tipo de contenido: no es lo mismo una serie de época, un partido de fútbol o un videojuego de disparos.

Este tipo de mejora automática se ha convertido en el núcleo de la propuesta 8K de Samsung, que desde la generación anterior ya experimentaba con formas de mejorar el contenido 4K. Pero ahora, el salto es mayor: más rápido, más fino, más perceptivo. No importa si se trata de un video antiguo o una transmisión deportiva en vivo, el sistema busca mejorarla sin intervención del usuario. Y lo mismo ocurre con el sonido, gracias a la tecnología Q-Symphony, que permite agregar barras de sonido y parlantes externos sin cables ni desfases, algo especialmente útil en configuraciones de hogar más complejas.

Otro de los cambios destacados es el Wireless One Connect, un módulo inalámbrico que reemplaza la maraña de cables tradicionales al permitir conexiones como HDMI o USB a distancia. Esto no solo limpia visualmente la instalación, ideal para quienes cuelgan su televisor en la pared, sino que además permite transmitir contenido en 8K a 120Hz de forma estable y sin pérdidas.
El modelo de 75 pulgadas ya está disponible en preventa en el sitio oficial de Samsung por $4.699.990, con un descuento del 36% y una soundbar incluida como regalo hasta el 28 de abril. Además, quienes compren durante esta etapa podrán acceder a beneficios adicionales, como un 10% extra con el programa Recicla y Ahorra, 2 meses gratis de Art Store y descuentos combinables en otros productos del ecosistema AI de la marca.
